Como en la vida misma,  Historias

Crónicas de una cita arruinada

Hace poco estaba hablando con una amiga sobre su última cita con un compañero de su trabajo y me comentaba como él lo había arruinado todo con un comentario machista. Hoy siendo jueves y recostada en mi cama, hago un flashback de algunas citas que han quedado impregnadas en mi mente y no por ser las mejores precisamente.

Una de las más memorables fue cuando salía con un estudiante de actuación de la Católica. En plena cena me mostró su papel de villano que había preparado para su examen final del curso. El desenlace final de esta historia fue cuando terminó de hacer su extraordinario papel y las personas que estaban alrededor nos empezaron a tirar monedas. Fue una agradable y divertida charla, así como también fue la última vez que salí con él.

Yo había oído mucho que los hombres tienden a utilizar diferentes tácticas para agradar a una mujer, pero lo que hizo el chico con el que salí fue un poco extremista desde mi punto de vista (oh! eso rimó!). Él era (bueno es) un amigo de uno de mis mejores amigos de la universidad. Habíamos quedado para vernos en un centro comercial, todo iba tranquilo y relajado hasta que yo llego al punto de encuentro y tuve que esperar 30 minutos aproximadamente (no había problema porque podía ir dando vueltas por algunas tiendas y el tiempo pasaría con prisa). Al rato me llama para avisar que llegó y cuando lo voy a saludar veo que no venía solo, Resulta que trajo al sobrino de 5 añitos a nuestra primera cita (lo juro, no miento). En cierta parte entiendo que haya querido mostrar su lado tierno y dulce, pero creo que no fue el momento propicio. Me dejó un sabor de que usó al niño y también fue la última vez que salimos. (Me divertí en el gusanito by the way).

Para finalizar por hoy, hago memoria de una de las peores citas que he tenido pero de las cuales ahora me río totalmente. Esta no era la primera cita, a decir verdad este chico era mi enamorado, pero apenas estábamos iniciando nuestra relación. Era uno de esos chicos super fitness que suelen contar las calorías a todo lo que esta por digerir y no hace otra cosa que admirar su «escultural cuerpo». Salimos a comer a un restaurante nuevo con temática vintage, entramos al lugar, nos sentamos al lado de la rockolla y se aproxima la mesera, una joven guapa y amable, que por el acento se notaba que no era de nuestro país. Minutos después, hacemos el pedido (él como siempre con ensalada y yo con fastfood), Abandono mi asiento por unos minutos para sacar mi cartera de su carro y cuando vuelvo, la joven estaba anotando su número en la agenda de contactos de él porque resulta que el joven le estaba haciendo promesa de un trabajo, hasta ese momento yo no veía nada de malo porque creía que ese rollo era cierto y debía haber confianza. El momento en que se convirtió esa en nuestra última cita fue cuando al salir del restaurante ella menciona: «Gracias por todo, espero que tú y tu linda PRIMA vuelvan pronto». (ahora me río mucho recordando aquel momento, pero en ese instante tomé el primer taxi y no volví a comer con mi «primo»).

 

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