Historias

Primera vez

Te has preguntado ¿cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez?.

Las primeras experiencias de cualquier situación son las más recordadas, se te quedan impregnadas, pegadas, grabadas, talladas en el alma y en la mente. Involuntariamente es difícil olvidar la primera vez que viajaste solo, la primera vez que fuiste al cine, la primera vez que comiste algo exótico, la primera vez en la playa, la primera vez que viste a tu hijo/a, la primera vez que te enamoraste como bobo.

Les ha pasado que en las reuniones familiares cuentan sus anécdotas más memorables de cuando eran niños (así sean las más vergonzosas), y tú simplemente escuchas atentamente porque no recuerdas en lo más mínimo aquel incidente. Bueno eso suele ocurrir, sin embargo, en el caso de mi primera vez que asistí a una obra de teatro ocurre todo lo contrario. La obra se llamaba «Medio kilo de pueblo».  Mi hermana mayor, Isabel, me llevó a verla cuando yo era una pequeña niña de 8 años.  La obra se trataba de una lucha de clases sociales entre los pobladores de un pequeño pueblo peruano y un grupo de invasores citadinos. Fue un 16 de julio del 2003, lo recuerdo perfectamente porque al salir de la obra y tomar el taxi de regreso a casa se escuchaba por la radio una triste noticia que anunciaba el fallecimiento de la gran Celia Cruz.

Yo siempre creí que cuando mencionaban la frase «el silbido del viento» era una metáfora, pero cuando viajé a Tarma se me quitó la gran venda. El paisaje era tan bello, lleno de flores de todos los colores que puedas imaginar. Enseguida decido bajar la ventana del carro para poder tomar algunas fotos de esa espectacular vista, y en el preciso momento que bajo la ventana, el viento empieza a envolvernos y a la vez su silbido peculiar, era tan agudo que daba la impresión que un concierto de armónicas nos daban la bienvenida. Desde ese entonces cada que mencionan Tarma, yo solo recuerdo flores bellas y el viento silbador.

La mejor primera vez que aún recuerdo como si fuera ayer, fue cuando vi a Daphne por vez primera. Era mi primera sobrina, la veía tan frágil que me daba miedo cargarla y sentía una mezcla de emociones que no sabía qué decir exactamente. Solo la vi y me entraron ganas de llorar (a mí que detesto que me vean llorar), pero la ocasión lo ameritaba. Me la dieron para cargarla y a pesar de mis temores la sostuve por un largo rato mientras observaba sus pequeñas manitos, yo sentía que ella me sonreía aunque muchos afirmen que la sonrisa de un bebé se da recién a partir de los 2 meses de nacido y que todo lo anterior solo es producto de sus reflejos. Sin embargo, les recuerdo que Charles Darwin decía que las expresiones emocionales son universales e innatas, y se basó en un estudio donde documentó las primeras sonrisas reales de su propio hijo cuando contaba con 45 días de vida.

Algo que es muy cierto y que aprendí hace poco, es que nunca se pierde la oportunidad de hacer cosas por primera vez, así tengas muchas primaveras y vueltas al sol encima. Hace poco platicaba con una amiga de mi mamá que es divorciada y me comentaba con una alegría que desde hace mucho no veía en ella, acerca de un hombre que está conociendo por redes sociales. Hablan todo el día y él vendrá a Perú para verla en unos meses. Tienen la magia de un par de adolescentes y es genial que puedan sentirlo a la edad que sea. Ella me contaba que esperaba caminar de la mano con alguien porque con su ex esposo jamás lo había hecho, que su forma de querer era algo peculiar. «Él era más un hombre de regalos, mostraba su amor con objetos», mencionaba ella. Pero ella no había perdido la esperanza de esos pequeños detalles, de tener una historia de amor que ella disfrute y había tomado la valentía de hacerlo real a sus 43 años.

Asimismo, recuerdo la graduación de mi tío, quien terminó la universidad en la misma promoción que su hijo porque él siempre había tenido la esperanza de pisar un centro de estudios superiores. Fue curioso porque cuando mi primo decidió postular, él no se quedó atrás y también ingresó a una reconocida universidad de ingeniería, logró terminar con éxito su carrera. Graduado a sus más de cincuenta años fue el personaje principal de su ceremonia. Y ahora que recuerdo, en la elecciones pasadas estuvo postulando como candidato para el gobierno regional, es un hombre imparable a carta cabal.

Nos quedan tantas cosas por ver y hacer que no hay tiempo que perder. Confieso que anhelo en mi próxima versión de «mi primera vez» contarles que por fin presencié una aurora boreal, que hice parapente o que monté un avestruz. Aunque también hay primeras veces que deseas que se queden así y no haya repetición, como cuando comí algunos platos exóticos de la selva y tuve que esperar 3 días para que se me vaya el sabor de la boca. Pero como suelen decir, «uno se arrepiente más de las cosas que no hizo que de las que sí». Suelo recurrir a esa frase para tomar ciertas decisiones y me ha funcionado en la gran mayoría.

Para terminar te repito la pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez? y si te cuesta mucho tiempo recordarlo da por echo que es hora de llenar esa página en tu vida.

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Primera vez.

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