Entrevistas

Vanesa venció al cáncer

Hace unos días llegaron mis tíos de Italia. Mi papá fue a recogerlos al aeropuerto y en casa mis hermanas y yo íbamos preparando todo para su recibimiento. Son unos tíos muy queridos que viven en Huancayo y viajaron por un año a Italia para conocer a su nieta. Para el almuerzo de bienvenida habíamos reunido a la familia y llegaban más y más personas, una de ellas era Vanesa, una risueña joven que conocí por primera vez, no la había visto en ninguna reunión familiar anterior a esa.

Mi función era recibir a los invitados y hacer que se sientan cómodos mientras esperábamos a mis tíos. Fui hablando poco a poco con Vanesa y me parecía totalmente divertida, es de esas personas que te inspiran confianza para poder seguir charlando. Tanto así que al rato intercambiamos números y para ese mismo día ya éramos amigas virtuales en redes sociales.

Entre nuestras conversaciones Vanesa tuvo la confianza de contarme que cuando tenía 25 años vivía sola en Lima con Raquel, su hermana menor. Ambas habían venido de Rioja, una bella provincia ubicada en la selva peruana, a estudiar una carrera universitaria. Cuando ella cursaba el sexto ciclo de arquitectura empezó a notar que cada que la llamaba su mamá para preguntar cómo estaba todo por aquí, ella solo le contestaba que todo bien pero que se sentía agotada, con mucho sueño durante todo el día a pesar de dormir las horas correctas. No le dio mucha importancia según me cuenta, ella creía que era por el trajín diario de la universidad y el trabajo. En una de esas llamadas rutinarias de su mamá, le comenta que se haga unos exámenes de rutina porque no es normal que cada que la llame tenga sueño. Por cosas del destino, ella estaba realizando unos planos para una clínica y decide hacerse ahí el examen de sangre para demostrarle a su mamá que todo estaba bien y cuando le entregan los resultados el doctor le pide que se haga en otro laboratorio porque disque «su máquina estaba fallando», le indica que se realice exámenes de plaquetas y le lleve los resultados en cuanto los tenga. Recoge los resultados y cuando va camino de regreso a su casa se encuentra con una amiga que era doctora y aprovecha en mostrarle los resultados que le acababan de dar en el nuevo laboratorio, su amiga los revisa y se pone a llorar diciendo «Vanesa te vas a morir, tienes leucemia». De pronto, ambas se encontraban abrazadas llorando desconsoladamente y ella decide tomar un taxi para ir al doctor a reclamarle que no le haya dicho lo que tenía, él la tranquiliza y después le recomienda que vaya al seguro inmediatamente para que le hagan un tratamiento especializado.

Al día siguiente va sola al hospital para realizarse otros exámenes de sangre y en eso el doctor le dice que la tienen que internar de inmediato. -«Me preguntó el doctor si había ido con alguien más, le dije que no. Luego me dijo que no podía darme aún un resultado específico de lo que tengo pero que necesitaba internarme de urgencia»-. Vanesa me cuenta con una naturalidad y hasta de manera cómica que le pusieron una pulserita color blanco con su nombre y una bata. En ese momento tuvo que llamar a su hermana para decirle que le lleve su ropa y a la vez darle la noticia de que posiblemente tenga Leucemia.

Fueron 6 meses internada en el hospital, fueron días llenos de agujas, medicinas, juntas médicas con médicos de otros países que venían a ver su caso. Su diagnóstico fue una gran sorpresa, ya que no solo le detectaron Leucemia, también padecía de  PTI e insuficiencia renal. Sus amigos de la universidad iban a visitarla a diario y su novio también, eso la mantenía con ánimos. También me cuenta entre risas que los testigos de Jehová la visitaban a diario para que se arrepienta de sus pecados. Sin embargo, no todo fue calma en ese periodo de tiempo, ya que a los 5 meses de haber estado internada empezó a decaer, veía a los pacientes con los que compartía cuarto morir a diario y las ideas negativas empezaban a rondar por su mente. Con el transcurso de los meses sentía que en vez de recuperarse iba decayendo, su cuerpo no respondía como ella esperaba. Su  mamá se enteró después de unos meses de todo lo que su hija había estado pasando. Vanesa me cuenta que no quería decirle nada a su familia porque no quería ser una carga, no quería darle más preocupaciones, además si sus familiares estaban lejos era mejor que mantengan la imagen de ella como siempre había sido.

En ese quinto mes internada con las esperanzas por los suelos y el cuerpo más desobediente que nunca, ella solo pedía a Dios que se la lleve junto a él.  -«Yo no soy católica, pero iba a la capilla del hospital porque quería buscar alguna forma de conectarme con Dios. Le pedía suplicando que me lleve, pero que deje de hacerme sentir ese dolor que tenía a diario»-.  Ella solo quería tirar la toalla, incluso llamó a sus hermanos para despedirse e indicando las cuentas que tenía en el banco para que la usen en caso no vuelva a despertar.

Le programaron su primera quimioterapia y una noche antes las enfermeras entraron a su habitación a decirle si quería que le rapen el cabello, ella no accedió. Sin embargo, las enfermeras insistían porque decían que podía entrar en depresión al ver cómo se le cae el cabello por el tratamiento, pero ella se mantuvo firme en su decisión y no le raparon nada. Al salir de la primera quimio estuvo mal por varios días, con vómitos constantes, una pérdida total de apetito y lo peor de todo, una pérdida total de ganas de vivir. Se veía al espejo y era solo su piel pegada a los huesos, no reconocía a la persona que tenía enfrente.

Una noche mientras dormía le sucedió algo extraño pero que la hizo recobrar las ganas de vivir. -«Estaba durmiendo y en eso me veo flotando, estaba flotando sobre la cama del hospital, me veía a mi misma dormir y sobre todo recuerdo que veía una luz intensa. Supuse que esa luz tan radiante era Dios que me quería llevar con él después de tantas súplicas para morir, pero en ese lapso de tiempo me iba dando cuenta que no quería morir, me quería aferrar como sea a la vida y empecé a implorar que si me daba una nueva oportunidad de vida yo iba a ser una mejor persona e iba a esforzarme por ayudar a los demás. Lo pedía desde el fondo de mi alma y poco a poco esa luz se fue apagando, solo recuerdo que desperté y la enfermera me estaba tomando el pulso porque había entrado en coma por unos minutos. Desde ese día me propuse a mí misma que iba a vivir, la muerte dejó de ser una opción al menos por ese momento. Empecé a comer lo que me daban porque me di cuenta de algo durante toda mi estadía en el hospital, todas TODAS todas las personas que veía morir a diario era a causa de dos motivos principales que iban más allá del cáncer, lo que más los derrumbaba era su estado emocional y la falta de alimentación. Desde esa fecha doy fe propia que es cierta aquella frase: enfermo que come no muere. «-

Al sexto mes se sentía más fuerte y animada, llamó a su mamá para decirle que quería ir a Rioja con ella. Era un poco peligroso, ya que el viaje hasta allá era de una hora en avión y después tres horas en bus. Los  médicos le hicieron firmar un alta voluntaria, en el que ella se hacía responsable de todo lo que le ocurra durante ese viaje puesto que ellos no lo habían autorizado. Vanesa tenía la esperanza que allá quizá se recupere porque iba estar en un ambiente más natural, con un aire más limpio que el de Lima. -«El calorcito de la selva y los cuidados de mamá me van a sanar»- pensaba ella. Sin embargo, apenas llega la internan en una clínica y tuvo que pasar tres días ahí.  -«Trataba de ver el lado positivo y agradecía las revistas, la televisión, el cuidado de las enfermeras todo el día, la comodidad de un cuarto solo para mí. Cosas que no tenía cuando estaba en el hospital»-, me cuenta mientras recuerda aquel episodio. Después de esos tres días los médicos le dijeron que era mejor su retorno a Lima, porque ahí no contaban con los especialistas del caso. Así que decide volver al hospital, pero esta vez viaja sola. Su novio la fue a esperar al aeropuerto,él tuvo la paciencia y el amor para brindarle apoyo en todo momento de su enfermedad.

En este regreso al hospital le fueron aplicando nuevos tratamientos y poco a poco iba presentando ciertas mejoras, esto le dio más ganas de aferrarse a la vida y seguir al pie de la letra lo que le decía el médico. -«Mi principal objetivo era salir de alta para pasar navidad y año nuevo en casa con mi familia, así que fui la paciente más obediente que hayan podido conocer.»- De pronto el doctor llega una tarde para evaluarla y le dice que puede ir a casa pero que tiene que volver en unos días para sus quimioterapias ya programadas.

Por algún milagro, por algún motivo, por alguna mágica razón en la quimioterapia realizada a quincena de Febrero, le dicen que lo logró, lo venció, lo pudo combatir. Vanesa había vencido al cáncer.

Han pasado 5 años desde aquel día y aún recuerda todo como una película, una de esas de terror de Hitchcock pero que terminan con un final feliz y sobre todo con un gran mensaje de esperanza.

Para ir culminando quiero mencionar algo que me causó gran impresión. Vanesa es madre de un hermoso niño de 3 añitos a quien trajo a este bello planeta por parto natural, según me cuenta el dolor del parto natural no es nada comparado al dolor de las quimioterapias y a todo el tratamiento que tuvo que sobrellevar. Me causa asombro porque según la opinión de mis hermanas, amigas e incluso mi madre, me aseguraban que no hay dolor más intenso que el de traer a un bebé al mundo.

No solo venció el cáncer, sino que también logró culminar su carrera como arquitecta (que dicho de paso es su segunda carrera), logró cumplir con la promesa de ayudar a otras personas. Actualmente brinda charlas sobre alimentación y también motivacionales a quienes estén pasado por lo mismo e incluso los apoya con sus chequeos rutinarios si es que no están en condiciones de costearlos.

Vanesa es un gran testimonio de vida no solo por haber vencido al cáncer, es un gran ejemplo de que a veces la vida puede cambiar en un instante pero está en tus manos poner todo de tu parte para salir de esa situación. Sé que suena fácil decirlo, sé que hay situaciones en las que por más que pongas de tu parte las cosas no salen como esperas, pero todo es cuestión de intentarlo, de seguir en la lucha y no parar por el simple hecho que alguien te diga que tu caso está perdido.

Gracias Vanesa por permitirme conocerte y contar tu historia.

el cancer se puede curar ahora
Vanesa venció al cáncer.

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