Entrevistas

Leyter y su divino secreto

Estudiábamos juntos italiano, llegaba en su auto negro y solía ser uno de los más participativos en clase. Era el más puntual y siempre daba los buenos días con una sonrisa que trasmitía mucha paz. A veces yo llegaba antes de la hora y lo encontraba, platicábamos y después de un mes de conocernos me contó su gran secreto. Resulta que era sacerdote, pero por una buena razón (que contaré líneas más abajo) no quería que se enteren mis otros compañeros. Solo lo sabíamos Henry, quien era nuestro profesor y yo. Debo admitir que me sorprendió, pero a la vez me alegró tener un amigo así, sentía curiosidad de preguntarle mil cosas y a la vez no sabía si seguir tuteándolo, bromeando como siempre. Vengo de una familia muy católica y siempre el sacerdote ha representado una imagen importante.

Pasaron los meses y él se inscribió a clases de portugués. No entendía cómo podía llevar ambos cursos a la vez (italiano y portugués) y ser tan disciplinado a pesar de los mil pendientes que podía tener. Recuerdo que como parte de un examen final en un ciclo intermedio de italiano tuvimos que escenificar una boda. Yo era la novia y él actuó de sacerdote, sin imaginar mis amigos que estaba haciendo su verdadero rol. Fue memorable aquella experiencia.

Leyter se convirtió en un gran amigo, es muy activo en las redes sociales y está dispuesto a resolver tus dudas o apoyarte en momentos difíciles. Recorrió medio Lima para visitar a mi tía Imelda, quien estaba en UCI y posteriormente vino a bendecir mi Petshop que inauguré. Gracias por estar, amigo.

Hace unos días le comenté que tenía un blog y que me gustaría escribir acerca de él. Ni lo dudó, aceptó inmediatamente y acordamos fecha de llamada para poder platicar.

Su vocación sacerdotal inició a los 18 años. Leyter era un jovencito con aspiraciones. Estudiaba en la pre del Callao y trabajaba en una fábrica textil a la vez. Vivía con sus tíos en Lima, ya que su familia es de Piura. Tenía 4 años con una novia (sí, yo también me sorprendí).

Un amigo del trabajo lo invitó a una jornada de su iglesia. En un principio solo aceptó por generosidad, pero no estaba muy animado de ir, ya que él era católico, pero no practicante. Sin embargo, al llegar el día se sintió tan bien dentro de esa comunidad que poco a poco fue despertando una vocación de servicio social más fuerte. «Me trataban con un cariño que me sentía como en casa, y a la vez me sorprendía que sean así conmigo a pesar de conocerme recién». Sus visitas a la iglesia se volvieron tan frecuentes que su novia empezó a sentir celos y él la llevó para que despeje sus dudas. «Tuve que llevarla a la comunidad para que vea realmente lo que yo hacía y mostrarle que no existía una tercera persona».

Un mes después él sentía que no era suficiente acudir a las jornadas de la iglesia y consultó con sacerdotes para seguir ese mismo camino. Ellos le explicaron que debía internarse en el Seminario de Formación para ser Sacerdote.

Ahora que sabía lo que de verdad quería y estaba seguro del camino que tomaría, solo faltaba darle la noticia a su familia y a su novia. Su familia no lo tomó para nada bien, la primera reacción de sus padres fue quitarle todo su apoyo, ya que ellos querían que tenga una profesión y que les dé nietos.

Solo faltaba un día para que se interne en el seminario y no le había dicho nada a su novia.

¿Cómo explicarle a tu novia que quieres ser sacerdote? Era un sábado me cuenta Leyter. Ella lo llama y coordinan su lugar de encuentro, como todos los sábados iban a pasear y a pasar tiempo juntos. «Ella llega puntual y bien arreglada, cosa que me partió el corazón porque no sabía en qué momento decirle que me iría. Pasaron unos minutos y de pronto yo le digo que quiero conversar de un tema importante. Ella pensaba que le daría el anillo, era lo que en su mente pasaba y me lo dijo. Sin embargo, le comenté que había decidido seguir el camino del sacerdocio porque sentía que era lo que me llenaría de felicidad. Parece que al inicio no lo entendió porque me felicitó y dijo que me apoyaba, era demasiado bueno para ser cierto. Pero tuve que ponerme firme y decirle: Sabes que un sacerdote no puede casarse. Fue ahí que recién comprendió lo que trataba de decirle. Me gritó mi vida entera y por poco me pega. Íbamos caminando, pero ella en una vereda y yo en otra paralela. Cuando se calmó, me dijo que aceptaba mi decisión pero que estaría esperándome siempre por si no todo salía como esperaba.» Esas últimas palabras le partieron el corazón a Leyter, pero a la vez ocurrió algo extraño. Él esperaba estar triste y dolido, pero sentía un gozo dentro que no podía explicar. Llegó a casa y derramaba lágrimas de felicidad por saber con seguridad el camino que quería para el resto de su vida.

Durante esta entrevista con Leyter me enteré de muchas cosas de la vida sacerdotal. Para ser sacerdote estudias 8 años, durante ese tiempo llevas: derecho eclesiástico, teología, filosofía, idiomas como el latín, hebreo, griego y arameo. Después de ese tiempo debes realizar 2 años de práctica pastoral. Los rangos son 3: Diácono (8 años de estudio + 1 año práctica), Sacerdote (8 años de estudio + 2 años de práctica) y Obispo (es un rango más alto que es nombrado por el Papa).

Actualmente, él se encuentra en el rango de Sacerdote. Yo le pregunto si desea ser Obispo y me responde: «El primer requisito para ser Obispo es no querer serlo». Para entender mejor, es como si los sacerdotes estarían en constante evaluación y debe sumar muchas cosas en simultáneo para que puedan ser nombrados. Los elementos que se toman en cuenta es la aceptación de la gente, los proyectos sociales que puedas llevar a cabo, entre otros.

Leyter es un sacerdote peculiar. Después de haber sido nombrado en este rango, ha continuado estudiando. Tiene estudios de electricidad de alta tensión, mecánica, conduce un programa radial, ha sido catedrático en una universidad reconocida y me comentaba que a fin de año quiere iniciar la carrera de psicología.

Después de todo este tiempo su familia finalmente lo acepta y comprende su vocación. «Cuando llego a casa me siento como el presidente porque todos me reciben y tratan muy bien». Y eso suele suceder, cuando las personas lo ven con ese distintivo en el cuello (ahora sé que se llama «clériman»), lo tratan de una manera diferente. Él me comentaba que por esta razón no quería que se enteren en el curso su verdadera profesión, ya que las personas suelen cohibirse y solo muestran su mejor versión, no son sinceros.

Hablamos más de una hora por teléfono y hubiese durado mucho más. Gracias por tomarte el tiempo y por seguir siendo tan sincero conmigo, no juzgas ni por apariencias ni por preferencias. Creo que eso habla mucho de la calidad de las personas. Un abrazo inmenso para mi gran amigo Leyter y su divino secreto.

la vida de un cura
Leyter y su divino secreto

 

 

 

 

 

 

3 Comentarios

  • Gladys Napa

    Maravilloso mensaje de amor total a Dios y ese anhelo de seguir aprendiendo más para ayudar a su prójimo, es un ejemplo para los jóvenes que andan desorientados en este mundo.
    Que lindo el reportaje, muchas felicitaciones se necesitan más testimonio para poder Glorificar a nuestro Dios que esta vivo y esta a nuestro lado. Dios la bendiga.

  • Giovanna

    Muchas Bendiciones a mi gran amigo y consejero Padre Leyter. Eres una persona muy especial para mi familia. Cuando esta por Lima para buscarlo.

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