Historias,  Soy tía

Medalla de oro para Perú

Lima fue el centro del mundo por unos días, días en los que se hablaba solo de deporte, esfuerzo y dedicación. Todos lucían sus camisetas, mostrando con orgullo sus países y ni qué decir al ver la memorable inauguración. Los Panamericanos Lima 2019 hicieron que se nos infle el pecho y digamos: ese es mi país, mi cultura y mi gente.

En el transcurrir de los días y ver todas esas majestuosas disciplinas frente a mi televisor, decido comprar entradas y saliendo del trabajo me dirijo a Teleticket. Mi sorpresa fue grande al decirme que no habían entradas disponibles, así que resignada tomo un carro a casa y sigo con mi día. Sin embargo, como esas cosas inexplicables del destino, decido entrar a la web y elijo gimnasia, patinaje, fútbol, natación, etc. Muy confiada en que tampoco iba a encontrar entrada, pero misteriosamente al dar clic en «siguiente», me permitía comprar todas esas disciplinas y sin dudarlo acepté.

Fui con mi familia a diversas disciplinas cada fin de semana y déjenme contarles que en cada evento, primaba la buena organización y la sonrisota con la que te recibían y despedían los voluntarios. No importa si no sabíamos quien nos iba a representar en esa disciplina, el solo hecho de que diga «Perú» en su uniforme, hacía que todos aplaudan y griten cuando era su momento de competir.

Sin embargo, de todas estas visitas a la Videna, la más memorable fue la ocurrida el pasado sábado 10 de agosto. Esta fecha quedará marcada en la vida de mis sobrinos Daphne (10 años) y Favio (9 años).

Era sábado y habíamos prometido llevarlos al centro acuático para ver la final de natación. Mi hermana Arelis y yo salimos a recogerlos por la tarde para ir a almorzar con ellos y después ir a la Videna. El espectáculo iniciaría a las 8 de la noche y con el frío de mi querida Lima la gris teníamos que cargar con sus chaquetas, bufandas, muñecos y demás objetos que quienes tienen niños podrán comprender.

Llegamos al centro acuático ubicado en San Luis y al bajar del taxi ellos empezaron a correr, estaban ansiosos. Pedían que les tome fotos con Milko (la mascota de los Panamericanos Lima 2019) y hasta concursaron en las diversas activaciones que realizaban las marcas auspiciadoras.

Al ingresar nos brindaron un folleto con el mapa y Daphne no dudó en decirme que ella me guiaría, así que como buena tía solo seguía sus indicaciones (pero siempre consultando con algún guía solo para confirmar su traducción del mapa). Entramos a la zona indicada y todo era una gran fiesta, una piscina enorme, una banda entonando barras peruanas y un público bailando con sus banderas atadas a sus espaldas.

Encontramos unas buenas ubicaciones, mis sobrinos querían estar cerquita así que fuimos a la segunda fila, donde casi les salpicaba el agua de lo cerca que estábamos. Veíamos los ensayos y las indicaciones de los entrenadores, mientras el adorable Milko realizaba diversas coreografías que todos seguíamos sin dudarlo.

Favio, era el más asombrado, él iba más cerca a ver a los nadadores y miraba todo con detalle; mientras Daphne y yo comíamos helados (es  nuestro secreto, no le cuenten a su mami sino me dará un jalón de orejas).

Primero fueron las competencias individuales, donde a Perú  no le fue muy bien, pero nunca dejamos de alentarlos, eso era lo bonito. A pesar de que nuestros representantes no hayan estado entre los primeros lugares, cuando salía de la piscina todos lo aplaudían y lanzaban palabras de aliento.

Por otro lado, nos percatamos que al salir de la piscina muchos de los competidores tiraban sus lentes, gorras y toallas al público que estaba cerca. Daphne me decía: «Nos hubiéramos sentado ahí, Carly».

En los tiempos intermedios había premiaciones y recuerdo que en el turno de la categoría femenina, ganó la medalla de plata la nadadora chilena, Kristel Köbrich. Empezó la ceremonia para su reconocimiento y el propio presidente de Chile, Sebastián Piñera, fue quien le puso la medalla.

La competencia individual había culminado y seguía la grupal. En algunas fases finales ya no estaba Perú, así que apoyábamos a otros países como Brasil y Estados Unidos. Era turno de relevo combinado femenino 4 x 100m y quedaron en primer lugar las nadadoras del team estadounidense, todos quedamos asombrados por el espectáculo que brindaban. Fue hora de su premiación y anunciaban que la encargada de poner las medallas sería Rosario «Choco» Vivanco, la primera mujer peruana en clasificar en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964. Así que nos ubicamos en primera fila y al terminar la ceremonia, la nadadora estadounidense Margo Geer, ganadora de la medalla de oro, lanza la cerámica de cuchimilco que le daban a los ganadores hacia el público y lo gana mi hermana, pero al momento que ella recibe esta cerámica, su celular cae al borde de la piscina y la gran Margo lo recoge y se lo devuelve. Fue todo un espectáculo, estábamos contentos porque esto no lo esperábamos y entonces mi hermana decide ir a sentarse para cuidar de su cuchimilco.

Por otro lado, Favio, Daphne y yo seguíamos viendo las premiaciones en primera fila. Era el turno de relevo combinado masculino 4 x 100m y el team estadounidense había hecho una implacable presentación en el agua, con el cual se llevaron el primer lugar, logrando un récord panamericano por su agilidad y destreza. Nosotros observábamos desde arriba la ceremonia y Daphne me preguntaba cómo podía felicitarlos en su idioma. Era totalmente un acto de ternura verla gritar : «Congrats, you are the best!» y Favito por otro lado veía con asombro a todos los nadadores, aplaudía con entusiasmo acompañado de una sonrisota y un rostro de admiración.

Una vez terminada la premiación, toca la foto del recuerdo y todos saludaban al público. Uno de ellos, era super alto, de casi 2 m que voltea y sonríe al ver a Daphne gritando en su idioma natal, ella lo saluda y él levanta la mano para responder y a la vez darle el cuchimilco que acababa de recibir. Daphne emocionada estira sus bracitos y logra alcanzarlo, abraza fuerte a la cerámica y me mira con ojos brillantes de felicidad. Acto seguido, el mismo nadador mira a Favio fijamente y procede a quitarse la medalla de oro que acababa de recibir, yo no esperaba que la dé, nadie esperaba eso, pero inmensa fue mi sorpresa cuando al quitársela, lo señala a Favito para dársela a él. Incluso hace un gesto a todo el público para dejar claro que no es para ellos, que esa medalla es para el niño de chaqueta roja que lo veía y aplaudía. Le entregó en sus pequeñas manitos la medalla de oro y mi pequeño sobrino se quedó quieto, inmóvil, paralizado, estupecfacto por lo acabado de ocurrir.

La multitud empezó a rodearlo y solo atiné a cargarlo para sacarlo de ahí. Volvimos a nuestros lugares para contarle a mi hermana lo sucedido y un montón de personas se acercaban a querer tocar la medalla y pedir fotografías. Habíamos ganado la medalla de oro y 2 cuchimilcos. ¿Este día podría ser mejor?

Entre el alboroto que se había formado, empezaron a anunciar el cierre del centro acuático y a pedir a los asistentes que abandonen el lugar. A pesar de las miles de fotos que se tomaron los asistentes con los regalos de mis sobrinos, ni mi hermana ni yo pudimos hacerlo. Recuerdo que mi sobrino exclamó: hubiera grabado ese momento y un señor le respondió: » para qué necesitas grabaciones si tienes la medalla contigo», cuánta razón en esas palabras. Las personas a nuestro al rededor felicitaban a Daphne y a Favio, ellos felices recibían todas las muestras de afecto y muchos se acercaban a Favito indicando que él sería nuestro próximo representante.

En el taxi de regreso a casa todos nos preguntábamos por qué un campeón daría su medalla, por qué razón daría ese gran premio por el cual luchó y dedicó tantas horas, días, meses de entrenamiento. Sea cual sea el motivo, solo me queda dar las gracias infinitas al gran Thom Shields, quien demostró un gran acto de amor y generosidad. Thom, si lees esto, espero que sepas que has creado un sueño enorme en ambos y que hasta el día de hoy, pasado más de una semana, ellos lo  recuerdan como si fuera aquella noche de sábado en el centro acuático.

 

 

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